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Karl Loewenstein y la clasificación ontológica de la Constitución

Estudiante de Derecho de la Universidad Católica Andrés Bello y CEO en Handbook.

Para Karl Loewenstein, la clasificación ontológica de la Constitución es la respuesta a la problemática de definir los tipos de constituciones de acuerdo con el papel fundamental que había venido teniendo la Constitución. Además, para no denominarla “existencial” que era una palabra que estaba de moda, le coloco el nombre de “ontológica”.

Clasificación ontológica de la Constitución

Las constituciones podrán ser diferenciadas según su carácter normativo, nominal y semántico:

La Constitución normativa

En lugar de analizar la esencia y el contenido de las Constituciones, el criterio de análisis de la clasificación ontológica de las constituciones radica en la concordancia de las normas constitucionales con la realidad del proceso del poder.  La Constitución normativa es como un traje que sienta bien y que se lleva realmente. Su punto de partida es la tesis de que una Constitución escrita no funciona por sí misma una vez que haya sido adoptada por el pueblo, sino que una Constitución es lo que los detentadores y destinatarios del poder hacen de ella en la práctica.

 

En una amplia medida, la cuestión fundamental sobre si se hará realidad la conformación específica del poder prevista constitucionalmente depende del medio social y político donde la Constitución tiene que valer. Para que una Constitución sea viva no es suficiente que sea válida en sentido jurídico. Para ser real y efectiva, la Constitución tendrá que ser observada por todos los interesados y tendrá que estar integrada en la sociedad estatal, y ésta en ella.

 

La Constitución y la comunidad habrán tenido que pasar por una simbiosis. Solamente en este caso cabe hablar de una Constitución normativa: sus normas denominan el proceso político o, a la inversa el proceso del poder se adapta a las normas de la Constitución y se somete a ellas.

 

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La Constitución nominal

Para continuar con el símil: el traje cuelga durante cierto tiempo en el armario y será puesto cuando el cuerpo nacional haya crecido. Una Constitución podrá ser jurídicamente válida pero si la dinámica del proceso político no se adapta a sus normas, la Constitución carece de realidad existencial. En este caso, cabe calificar a dicha Constitución de nominal.

 

Esta situación no deberá, sin embargo, ser confundida con la conocida manifestación de una práctica constitucional diferente del texto constitucional. Al principio  era la palabra, pero ésta cambia su significación  en cuanto toma contacto con la realidad. Lo que la Constitución nominal implica es que los presupuestos sociales y económicos existentes en el momento actual operan contra una concordancia absoluta entre las normas constitucionales y las exigencias del proceso del poder.

 

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La situación de hecho impide, o no permite por ahora, la completa integración de las normas constitucionales en la dinámica de la vida política. Probablemente, la decisión política que condujo a promulgar la Constitución, o este tipo de constitución fue prematura. La función primaria de la Constitución nominal es educativa; su objetivo es, en un futuro más o menos lejano, convertirse en una Constitución normativa y determinar realmente la dinámica del proceso del poder en lugar de estar sometida ella.

La Constitución semántica

Continuando con la clasificación ontológica de la constitución El traje no es en absoluto un traje, sino un disfraz. Finalmente hay casos en los cuales, si bien la Constitución será plenamente aplicada, su realidad ontológica no es sino la formalización de la existente situación del poder político en beneficio exclusivo de los detentadores del poder fáctico, que disponen del aparato coactivo del Estado.

 

Mientras la tarea original de la Constitución escrita fue limitar la concretación del poder, dando posibilidad a un libre desenvolvimiento de las fuerzas sociales de la comunidad dentro del cuadro constitucional, la dinámica social, bajo el tipo constitucional aquí analizado, tendrá restringida su libertad de acción y será encauzada en la forma deseada por los detentadores del poder. La conformación del Estado independientemente de que éstos sean una persona individual (dictador), una junta, un comité, una asamblea, o un partido estará encausada y dirigida por los mismos, conforme a sus intereses. Este tipo se puede designar como Constitución semántica.

 

Si no hubiese en absoluto ninguna Constitución formal, el desarrollo fáctico del proceso del poder no sería notablemente diferente. En lugar de servir a la limitación del poder, la Constitución es aquí el instrumento para estabilizar y eternizar la intervención de los dominadores fácticos de la comunidad. No es posible un cambio pacífico, esto es, no revolucionario de la localización del poder político.

 

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Conclusión

De las clasificaciones existentes de la constitución, la clasificación ontológica de la Constitución es la más aceptada y la que más se acerca a la actualidad porque refleja la realidad de las constituciones y sus relaciones con la sociedad, es decir, si es acatada o no o si es válida o no. La constitución será normativa, nominal o semántica dependiendo de su relación con el poder político y las relaciones sociales.

 

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